La Biblia usa tres metáforas para
describir el carácter astuto y cruel del diablo. El diablo existe y
es considerado un enemigo peligros para el creyente.
El diablo es un león
En 1 Pedro 5:8 leemos: "Sed
sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda
alrededor buscando a quien devorar”. El diablo, en este versículo, es
considerado un león viejo que ya no tiene fuerzas para matar la presa. Su
estrategia consiste en rugir alrededor de la presa llevándola hacia donde están
los leones jóvenes quienes matan la víctima y así, él participa de la comida.
Al creyente descuidado Satanás lo va
llevando con "pecados inofensivos” (mentiritas, robos sencillos, pequeños
actos de inmoralidad, injusticias inadvertidas) hasta que lo hace caer en la
trampa y así lo devora.
El diablo es una
serpiente
Pablo afirma en 2
Corintios 11:3: "Pero temo que como la serpiente con su astucia
engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera
fidelidad a Cristo”. Este texto, haciendo referencia a Génesis 3,
llama al diablo serpiente. La serpiente es un animal muy cauteloso que se
enchipa al lado del camino sin ser visto y espera el paso de su víctima para
morderlo e inyectarle su peligroso veneno. Así el diablo introduce
camufladamente mentiras a medias, enseñanzas falsas y malos pensamientos que
poco a poco pueden llegar a dañar la vida, la familia o la iglesia.
El es un dragón
Apocalipsis 12:9 dice: "Y
fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y
Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus
ángeles fueron arrojados con él”. Al comienzo de este texto se le
llama a Satanás el "gran dragón”. El dragón es un reptil corpulento y
exótico caracterizado por su fuerza y voracidad. Satanás es una criatura que
amedranta a los humanos con sus supuestos aspectos raros y dramáticos; pero su
verdadera intención es tragar a los que tienen miedo y caen en sus garras.
Hebreos 2:14-15 dice: "Así que, por cuanto los hijos participaron
de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de
la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a
todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a
servidumbre”.
¡Hermano, cuidado con el diablo! No sea
que en estos días lo seduzca por su aspecto, o con sus engaños, o con sus
razonamientos o con sus insinuaciones. ¡No deis lugar al diablo!
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