En un sentido secular es traer buenas
noticias, y en el sentido religioso, significa la victoria de Dios sobre el
pecado. Entonces las buenas nuevas es anunciar al pueblo la presencia de
Jesucristo para restauración, tanto para judíos como para gentiles. Quienes lo
anuncian son llamados evangelistas, personas que guían a los incrédulos al
conocimiento del mismo, el Señor Jesucristo.
El creyente debe servir con el
evangelio.
En Romanos 15:31 en su segunda parte
leemos: "y que la ofrenda de mi sacrificio a los santos en
Jerusalén sea bien recibida.” El apóstol Pablo pedía oración porque al
llegar a Jerusalén se enfrentaría a la oposición de los judíos incrédulos;
además le preocupaba que la ofrenda para los pobres de allí fuera bien
recibida. Hoy como el apóstol debemos orar para que despierte en nosotros el
deseo de servicio a los demás. Como creyente en Jesucristo podemos servir
eficientemente a la comunidad incrédula dando a conocer el carácter de
Jesucristo que está en nosotros. El servicio entre incrédulos es también manera
de hacer evangelismo, participa de la comida.
El creyente de promover el evangelio.
Pablo afirma en 1 de Corintios 9:16
"si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme, porque
me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí sino anunciare el
evangelio!”. El apóstol dice que no puede gloriarse por promover el
evangelio. Reconoce su deber, no era una vocación que había escogido por sí
mismo, era una impuesta por el Señor, y ay de él sino la cumplía. ¿Somos
conscientes de esta ordenanza? Lucas 9:60 dice: "deja que los muertos
entierren a sus muertos, pero tú ve y anuncia el reino de Dios”. El
cristiano es el único que tiene el poder y puede anunciar el reino de Dios: el
incrédulo no sabe y no puede, él espera por el que tiene la verdad, por el que
sabe anunciarla.
El creyente debe predicar el evangelio.
Recordemos en los evangelios la
ordenanza de Jesucristo como reseña Marcos 16:15 "Y les dijo: id por
todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. La meta del señor
es la evangelización del mundo. Se puso llevarlo a cabo con los primeros once
discípulos, y hasta el día de hoy a nosotros, porque la tarea se hizo. Marcos
16:20 en su primera parte dice "ellos, saliendo, predicaron
en todas partes”. En obediencia al mandamiento del Señor, los discípulos
salieron predicando el evangelio y rescatando almas para El. Hermoso es como en
este capítulo acaba la narración con Cristo en el cielo, y en la tierra
entregando a los hombres la carga de la evangelización del mundo, y dándose con
esta tarea consecuencias eternas. Al creer la población en la zona donde
vivimos aumenta la tarea, pero el método es el mismo a personas consagradas a
Jesucristo con amor sin límites a los cuales les fue dicho: "id y predicad
el evangelio”. Anunciar las buenas nuevas al pueblo de la presencia de
Jesucristo para restauración tanto de los hombres como de mujeres es el deber
del creyente.
Hermanos, ¿Somos nosotros esas personas
consagradas a Jesucristo en amor por las almas perdidas en el pecado? ¿Es
también a nosotros que se nos ha dicho: id y predicad el evangelio? ¿Estamos
sirviéndole al pueblo, predicando de la presencia de Jesucristo entre nosotros
para restauración tanto de los hombres como de mujeres?
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